Para que la operación no dependa de que alguien recuerde.
Que la operación no dependa de que alguien recuerde.
Hoy la información de la operación vive repartida. Un sistema instalado en una computadora de la oficina, varias planillas en Excel, los cobros del banco que llegan como archivo diario, las facturas de gastos que llegan en fotos, y los comprobantes de pago que los clientes también mandan en fotos. Para armar un estado de cuenta, el operador cruza información de al menos tres lados.
Cada mañana, alguien descarga el archivo de Servipagos, lo abre en Excel, busca cada pago contra la cartera del sistema y lo pasa uno por uno. Si el depósito no trae nombre del cliente, queda flotando hasta que alguien envía el comprobante y alguien más lo identifica. A veces la identificación nunca llega, y el saldo del cliente no cuadra con la realidad durante semanas.
El medidor de agua se lee el lunes. La lectura se apunta en una libreta, se pasa a Excel al volver a la oficina, y el recibo sale el martes de la semana siguiente. Son ocho días en los que el cliente llama dos veces a la oficina para preguntar cuánto debe. Y la respuesta no es la misma las dos veces.
Cada fase se entrega funcionando antes de empezar la siguiente. El proyecto se construye como un plano: una parcela a la vez, hasta que el cuadro se ve entero.
Cada fase se contrata por separado. La Fase 1 no obliga a las siguientes. Si una fase no funciona, se detiene antes de empezar la próxima.
El pago de cada fase se ata a su avance, no a una fecha. Los plazos y cifras van en la cotización, no en este documento.
Si en algún punto la empresa decide que no quiere seguir, el sistema queda en el estado en que esté, con todo lo construido hasta ese momento.
Lo que hoy se resuelve a mano, mañana queda en su sistema.
La mora se calcula al 5% después de los cinco días de gracia, pero el operador la sigue pudiendo condonar.
La diferencia es que ahora queda registrado quién la condonó, por qué motivo y en qué fecha.
El criterio del operador se respeta. La trazabilidad se gana.
El medidor se lee una vez, en el lote, a la hora que sea.
La boleta entra al sistema sin que nadie la transcriba.
Lo que se gasta queda dicho, con nombre y fecha.
El preproyecto no es un módulo técnico. Es el reconocimiento de que su próxima lotificación ya empezó a costar antes de tener nombre.
El negocio se ve completo, no por pedazos.
La curva arranca en negativo durante los meses de búsqueda de terreno, y cruza a positivo cuando la cobranza se regulariza. Esa curva es su negocio.
El sistema le pertenece a la empresa. El código, la base de datos, los datos de sus clientes y el historial de cada lote son suyos, no del proveedor.
El servidor se alquila por separado y se paga aparte, como se paga la luz o el teléfono. El costo es público y conocido, no hay cargos ocultos.
El acompañamiento técnico continúa después de la entrega. Si algo se rompe, se arregla. Si algo hay que ajustar, se ajusta. La operación no queda en el aire.
Los plazos y las cifras van en la cotización, no en este documento.
Una operación que se sostenga sola, sin que nadie esté recordándola.